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Desde su descubrimiento y aplicación médica en la década de 1990 de los fármacos inhibidores de la 5 fosfo/diesterasa (como el Sildenafil), que vinieron a revolucionar el paradigma de la disfunción eréctil, se han descubierto nuevos medicamentos y a la par de su uso se ha extendido su aplicación a lo largo del mundo, siendo en algunos países menos controlados que en otros, cambiando el panorama epidemiológico de la disfunción sexual masculina y generando nuevos problemas.

Mientras que en los países desarrollados es obligatoria una prescripción médica y una supervisión por un experto para el uso y aplicación de fármacos como el Sildenafil, en nuestra sociedad este tipo de medicamentos son fácilmente accesibles incluso sin receta, lo cual ha conducido a un uso indiscriminado de dichos medicamentos incluso en población que no los necesita. Algunas farmacias piden la prescripción médica para poder vender el medicamento, sin embargo muchas otras no la solicitan y en ocasiones distribuyen medicamento de mala calidad o ineficaz; este fenómeno es particularmente habitual en las compras por Internet.

Es habitual que hombres jóvenes, sin enfermedades utilicen Sildenafil, Tadalafil o Vardenafilo para mejorar su desempeño sexual sin supervisión medica. Muchas veces estos medicamentos se obtienen de manera clandestina y en ocasiones puede haber abuso en su consumo con dosis mayores a las recomendadas lo que genera consecuencias a corto y largo plazo.

Generar una erección de manera natural ocurre con una apropiada estimulación física y psicológica de la mano de un contexto erótico. En ocasiones los pacientes forzan las elecciones para múltiples fines, sin una adecuada orientación médica existe el riesgo de efectos secundarios sin tener necesariamente el beneficio: dolor de cabeza refractario, dolor de espalda, visión borrosa o congestión nasal son los efectos más comunes, pero en ocasiones pueden condicionar una verdadera urgencia urológica como es el priapismo, condición en la que existe una erección sostenida y prolongada que puede comprometer la función del pene para siempre.

Cuándo el uso de estos medicamentos ocurre de manera crónica a lo largo de meses o años los pacientes generan una dependencia física y psicológica. Desde el punto de vista físico ocurre un fenómeno farmacológico conocido como taquifilaxia en la cual se necesita una dosis cada vez mayor de medicamentos para conseguir el mismo efecto, lo cual sólo termina por incrementar los efectos secundarios.

El fenómeno más habitual quizá sea la dependencia psicológica, en la cual los pacientes se vuelven dependientes en las pastillas para poder tener actividad sexual. De modo que aún siendo jóvenes de 20 o 30 años, delgados y sin enfermedades, no consiguen una erección de manera natural.

Es importante evaluar cada caso por separado, estos medicamentos pueden ser útiles en hombres jóvenes, siempre y cuando exista un componente emocional que explique la disfunción; aclarando que su uso deberá ser temporal.

Cómo en cualquier otra enfermedad o condición médica los expertos recomiendan no automedicarse y acudir con un especialista que te brindará información detallada de tu problema y ayudar a resolverlo cuidando tu salud sin exponerte a riesgos innecesarios.

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